DEL QUEHACER Y OFICIO

de quien cree que crea...

Foto: Lisa Hermes 

Saber con la inocencia imperturbable de quien no entiende el porqué de las creencias.

 

Puro, sin parámetros o expectativas, con la irremediable humildad que concede el desconocimiento. Así sonaron las primeras notas de algún instrumento de segunda mano, las letras de los cuentos sin trama, los inventos fallidos y los aviones que nunca volaron. 

Porque la creatividad no tenía alternativa alguna que la de convertirse en juego, sin mayor cosecha que el sudor de la infancia.

 

Fuimos niños, maestros del presente y pupilos de la ignorancia del mundo. Condenados por nuestra inocencia como único crimen, a un sistema de castigo y recompensa que fue rompiéndonos, ganando adeptos en pos de la educación, formando seres dolientes que aceptasen sepultar su derecho a ser, bajo la urgencia de convertirse en “algo” meritorio.

 

Y el juego se envileció, y los motivos se envenenaron y  las sonrisas comenzaron a ensayarse y el sufrimiento puso cara de ego para ocultarse entre las míseras victorias sobre nuestra verdadera naturaleza. 

 

Sin embargo, a pesar de la tormenta, el creador que vive dentro nunca se ha rendido y buscando algún rincón a mitad de la noche o en medio de alguna crisis de nostalgia, no ha dejado de ejercer un erotismo que recuerda la verdad.

Y así me he llenado de hijos que iluminaron mi corazón y que despiadadamente fui arrojando al tiempo bautizándolos míos. Y la sombra acechante, encontró su camino para acortar la distancia entre el olvido y lo más preciado y cambio mi amor por perfeccionismo, mi inocencia por expectativa y mi verdad por complacencia; relegando en silencio la posibilidad de honrar el producto del amor.

 

Cientos de canciones olvidadas bajo la promesa de una versión  profesional, decenas de cuentos endosados a alguna compilación imaginaria, poemas, guiones, películas, dibujos, amores; un universo interno, nunca lo suficientemente bueno para representar al hijo del Dios falso en la superficie. 

 

Así murieron y con ellos partes de mí que hoy cargo entre mis brazos sangrantes, conmemorando lo que no volverá y siendo una ofrenda suficiente para un rito de paso hacia el amor consciente. 

 

Honrando su existencia, libero de mí lo que pasa a través de mí, como un suceso autónomo que no requiere más que libertad para acontecer. Renuncio a la ignorancia de juzgar si la creación es digna del que creo que soy y abrazo el gozo y la vulnerabilidad que ello conlleve. 

 

Abro lo que pasa aquí dentro para vivir mi amor como amor, sin un ápice de miedo porque en unión  se funden el creador y la creación y en la unión se aman, completan y trascienden las dualidades. 

 

Devuelvo lo que he presenciado en el universo que creí solo mío.

 

A. 

  • Negro del icono de Instagram
  • Icono negro Vimeo
+52 (477) 392 06 58